2 jun. 2015

UN DÍA EN LA FERÍA (Texto de Marwan publicado en el CULTURAL del ABC)

Son las 11 de la noche en el Retiro, último día de la Feria. En este instante el afamado escritor gallego Tomás Lueiro despierta maniatado con su propia corbata y un fuerte dolor de cabeza por el tremendo golpe recibido unas horas antes. ¿Qué ha pasado?, se pregunta. Esa mañana estuvo firmando en el stand de Casa del Libro. La cola es infinita, atiende con su sonrisa horizontal perfecta y un acento diseñado para conquistar. A su lado yo, mustio como una lechuga que lleva tres meses en tu nevera, esperando a que alguien me pida una dedicatoria para mi última novela. Él sigue a lo suyo, sin mirarme, sin caer en que a su lado un colega sufre las consecuencias del tsunami que su literatura produce en comparación con el goteo de gente que se asoma por la páginas de mi libro antes de devolverlo al mostrador para, finalmente, llevarse el suyo. Ríe con fuerza, se muestra encantador y, poco a poco, su modo de garabatear tópicos y de fingir interés en lo que la gente le cuenta sobre el impacto causado por su libro, me arrastra a un estado de odio inmediato. El ardor se agrava cuando me pide que le traiga una Coca Cola. ¡Qué calor!, ¿verdad, chaval?. Me habla como a un fan cualquiera. Le respondo que yo también he venido a firmar. Es que como hace un rato que no haces nada. Y vuelve a obsequiarnos a todos con su enorme dentadura de vaca gallega. Ahí, definitivamente, se rompe algo. Poseído por la envidia y aconsejado por mi ego herido, trazo mi plan de venganza. Esta misma tarde tendremos que volver a firmar juntos y sé que no lo soportaré. La librería de la mañana nos invita a ambos a comer. Tras almorzar él decide ir al servicio, momento que yo aprovecho para decir al resto de acompañantes que necesito dar un paseo, para estirar las piernas. Acudo a la salida del servicio de la terraza-cafetería aprovechando que se encuentra a la vuelta del local. Con el galleguito de espaldas lo agarro del cuello por detrás y tras el corto forcejeo que mantenemos se golpea violentamente la cabeza contra la pared. Cae desplomado como una perdiz en un coto de caza. Por suerte no me ha visto, no sabe que soy yo. ¿Cómo puedo estar haciendo esto? Es lo más excitante que me ha pasado en mucho tiempo. Por un momento me siento un personaje de una de mis novelas. Es raro sentirse un delincuente, encuentro en ello un placer oculto. Lo llevo a rastras tras unos setos aparentando ante la gente que cruza que es un amigo borracho. Le hablo para que aquello se perciba más como anécdota que como acto delictivo. Le meto en la boca tres de mis ansiolíticos. Vas a dormir como un niño, pedazo de mejillón. Es el único insulto que se me ocurre en ese momento para el gallego. Una hora después vuelve a ponerse en marcha la feria. Preguntan por él. ¿No os habéis enterado? Por la mañana ha tenido problemas con algunos de sus lectores durante la firma y se ha marchado de malas maneras tras pelearse por ello con su editor. Varios de los seguidores que lo esperan haciendo cola escuchan mis aclaraciones. Añado algo más de fábula al relato, consiguiendo hacer reír a los libreros y a la audiencia que se ha formado. Pero yo estoy aquí y os firmo lo que queráis. Y lo cierto es que funciona. Tras anunciar el librero, entre maldiciones, que el Señor Pulpo a Feira no firmará libros, les invita a hojear lo mío: Es la revelación de la temporada, lleva cuatro ediciones vendidas. Se acercan sorprendidos a preguntarme. Pobres, ignoran que cada edición es de cien libros. Es la primera vez que me veo ante un público tan numeroso y afino mis respuestas. Parezco el gallego por la mañana, muestro interés por lo que me cuentan aunque no hayan venido por mí y comienzo a firmar. La cola va creciendo, no impresiona, pero ni dejan de venir curiosos, ni yo paro de explicar las celebradas anécdotas que suelen ofrecer los autores más esperados. Me envalentono: ¡Qué gran tarde se está perdiendo Tomás! Varios lectores asienten y se consuelan soltando tópicos: Yo sabía que había algo raro en él. Mejor no conocer a los autores que te gustan, porque al final te decepcionan; mientras agradecen mi humildad y entrega en contraposición con la soberbia del autor de Vigo. Asiento. No pueden tener más razón. Me quedo pensando en ello. Mejor no conocer a los autores de los libros que te gustan. Si realmente descubrierais cómo soy



7 comentarios:

Anónimo dijo...

Has escrito en un papel un pensamiento con el que muchos hemos soñado despiertos alguna vez. Yo, de pequeña, siempre tuve la ensoñación de clavarle el compás a mi compañero de pupitre en la mano. Nunca lo hice, afortunadamente... :) Pero de vez en cuando me da por salir de mi y pensar estas cosas excitantes. Qué curioso.

El relato es genial, Marwan. Como siempre.

Sara dijo...

Es siempre en estos momentos cuando de verdad extraño no vivir en Madrid.

Anónimo dijo...

Y la gran fila en el Lunario, esperando solo por Tí.
Tantos besos, tantos abrazos que regalas, palabras escritas.
Tu toque sutil a las almas desconocidas.
Y a la mía, la llenas de anhelos, de amor iridiscente tangible por un instante en que sentí tu pelo, tu aroma, tu energía.
Gracias por cantar, gracias por escribir.

Cris dijo...

Tus libros y tus canciones han hecho que mi vida cambie... Te vimos en primera fila mi hija Xulia y yo en el Concierto que diste en Santiago de Compostela el 22 de mayo pasado... Pasaste volando por nuestras vidas ... ¿ cuándo volveremos a verte ? ¿ Vendrás a Vigo ? Prometemos seguir haciendo colas para comprar tus libros ..... Muchas gracias ... Cris

Elena Real dijo...

Sublime

Rafael Ochoa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rafael Ochoa dijo...

Nojoda Marwan y aqui yo llego entrrandome de lo que es ser escritor. Apenas publicando la semana pasada mi segundo libro y srguir siendo un desconocido me pone a garabatear planes macabros y fantasiosos para poder cambiar mi anonimato a un nombre que retumbe el cerebro al ser escuchado. GRACIAS POR TU CAPACIDAD DE LLEGAR AL ALMA.