21 ene. 2018

Dos cuerpos

A veces imagino tu cuerpo de mujer
y mi cuerpo de hombre,
ambos tumbados, ajenos a nosotros,
entendiéndose entre sí,
como dos niños que se estudian,
que exploran quiénes son,
quién es el otro,
qué son esas formas diferentes,
esa geografía cambiante que aparece en ambos cuerpos. 

Me imagino a mi cuerpo
desabrochándose el cinturón de la culpa,
pidiendo y viendo cómo te desabrochas tú
las palabras que te frenan,
la estúpida costumbre de pedir un después
cuando aún no existe ni un ahora. 

Y los imagino ahí, en formato poesía, 
a nuestros cuerpos liberados de los que somos,
asomándose al balcón de los sentidos,
descerrajando la madrugada
con el imparable viento de un suspiro,
las horas deshaciéndose como lágrimas en el mar,
tus piernas abiertas dejando paso al cielo entrante,
esa cueva perfecta en la que guarecerse del afuera. 

Nuestros cuerpos libres flotando en el ahora,
perdiendo hasta el nombre,
esos que tú y yo somos despojados de nosotros mismos
haciendo el amor como incesantes máquinas de luz
en la búsqueda perfecta del nudo al fin deshecho,
de esa meta cruzada,
ya sabes de lo que hablo,
del infinito,
de una liberación aún mayor,
de tu cuerpo ajeno a ti
y mi cuerpo ajeno a mí,
juntos, 
llegando en avión hasta el orgasmo.

13 dic. 2017

El hilo de Twitter

Salía de mi casa así, ligero, con el chaleco de la alegría,
siendo parte del viento, dejándome llevar por el airecillo de la libertad.

Pero puso Trump su dedo sucio sobre Palestina,
puso el Telediario imágenes de niños desnutridos,
puso otro hombre el cuchillo en el vientre de su mujer
y el día soleado se hizo nube negra sobre la sociedad
y entonces tuve que vestirme de guerrero,
del guerrero que cambia el mundo,
y tuiteé #mecagoenlosmuertosdelosmalos
y la gente que apoya la igualdad me retuiteo,
y la gente que apoya a los malos —pero escuchan mis canciones—,
pusieron excusas, me lanzaron botes de mierda virtual,
y se lió, y el insulto corría como Usain tras la medalla,
y se hizo una cadena de comentarios tan grande,
tan violenta y viral,
que salió en las noticias,
fue saltando los periódicos,
la leyeron Shakira, Vargas Llosa, Neymar,
la leyeron 4 premios nobel,
la selección de waterpolo,
e incluso Mandela y Hugo Chávez desde el cielo.

Y siguieron los comentarios,
vamos basura y más basura
y también gente que apoyaba la moción
y retuitearon Simeone, Iñarritu, Ricky Martin
y me insultaron los amigos de Trump
y me intentaron hackear las ilusiones
y la bola de nieve fue creciendo
y comenzaron a escribir en inglés
y el hilo de twitter no terminaba
y ya nadie se acordaba de mí,
ya todo era un hilo tan largo
que daba la vuelta al planeta
hasta que le llegó a Trump,
a través de cien millones de cuentas,
temblaban los cimiento de la Casa Blanca
y no se hablaba de otra cosa en los pasillos de la ONU,
ya nadie se acordaba de mí,
solo de la ola de protestas
que estaba inundando el mundo
como la lava de Pompeya
y le llegó al Parlamento,
y llegó a todas partes,
a la antigua Grecia
a la Rusia de Stalin,
a los arquitectos de la Alhambra
a los jemeres rojos de Camboya
y saltaban los haters en pedazos
pues nos daban igual,
la gente quería cambiar las cosas
y solo se hablaba del estado del mundo,
por una vez, nos centramos en el mundo
y olvidamos a los influencers
y dejamos de pensar en comprar y comprar
porque todo el mundo estaba en la red, sacudido,
y Trump en su escondite,
reunido con su gabinete
llamando a Putin,
llamando a Obama,
llamando a China,
y el amor y el odio corrían como al pólvora por la red
y el miedo en los políticos
que temían que la revuelta popular
se extendiera por la calle,
pero no,
todos andábamos con los dedos opinando en la pantalla,
y solo se hablaba del mundo
del hilo de twitter
y Trump llegó a la conclusión de que aquello era imparable,
así que decretó que cerrara Apple y Google y Microsoft
y canceló las licencias de telefonía
y los canales de TV que solo hablaban del hilo y la ola
y mandó un fax a Merkel
a Mariano
a Macri
a Vladimir
y a este y al otro
desde la Antártida hasta el último rincón de la India
y el mundo en media hora se quedó sin red,
sin vuelos,
con todas
sus pantallas
 apagadas.

Por primera vez en 4 días había cesado el ruido.

El silencio era absoluto.

Miles de millones de personas
en su casa se quedaron con los dedos pegados a la pantalla,
a un pantalla muerta. Todo eran pantallas sin vida.
También las de televisión.

Y no solo eso. Por primer vez en su vida
los gobernantes habían tenido verdadero miedo
del poder brutal del pueblo para cambiarlo todo.

En los días siguientes
todos los políticos dimitieron en masa
por la presión popular en las calles.
Nunca más hubo internet.
Se volvió a 1980,
esa época de la historia en la que el consumo
era sostenible para el planeta
y los nuevos gobiernos mataron al monstruo del paro
mataron a la desnutrición mundial
empezaron a educar en la igualdad de hombres y mujeres
y Trump cayó en el olvido
él solo en su edificio de la quinta avenida
llorando por aquellos tiempos
en que a través del miedo
había sido capaz de encender la rabia
del mundo entero,
ese mismo miedo,
que sin darse cuenta
había encendido el hilo milagroso de twitter

que realmente


cambio a la humanidad.

20 nov. 2017

Consideraciones con respecto al rencor

Como un tigre en una jaula.
Así doy vueltas alrededor de mi memoria
cuando alguien me duele dentro,
cuando se me atraviesa una persona en la garganta.

Me vuelvo un cuerpo celeste
orbitando alrededor de un reproche,
un ciclista de velódromo,
un hombre en una túrmix.
Me quedo con demasiadas cosas que decir
y los labios grapados al silencio,
de tal modo que esas palabras, ese dolor
va fermentándome por dentro,
haciendo grande lo que no lo era tanto
—o inmenso lo que ya era grande—
y lo que dolía se transforma en rencor
agujero, malfuturo y precipicio.

Entonces comienzo a pelearme conmigo y con el mundo,
incapaz de hablar,
por pensar
que ya no tiene sentido hacerlo
o por no estar cerca ya el destinatario de mi ira
y me quedo ahí solo, como un pájaro en un cable,
con mis bolsas de basura en la memoria
sin cubo ni persona a la que arrojársela,
subido al podio, infeliz ganador en el torneo del resentimiento.

Y al final pasa lo que pasa,
que me doy cuenta de que el rencor
era eso de lo que hablaba Shakespeare,
ese veneno que bebí yo para que otro se muriera.

Y comprendo más.
El odio nunca debe ser la última bala.
La última bala ha de ser el perdón.
Si no esa bala,
la habrás disparado apuntando hacia ti.

6 nov. 2017

Los amores pasionales (Poema de mi disco-libro "Mis paisajes interiores")


Me dicen a menudo que podríamos haberlo hecho con calma,
pero nadie sabe lo que es sentirse un proyectil hacia tu boca,
sentir lo que sucede cuando te moja la locura,
sentirnos dos agentes explosivos.

¿Calma?

¿Cómo iba a haber calma entre nosotros
si ella era una de esas personas
que apaga los incendios con un lanzallamas
y yo uno de esos imbéciles
que se ponen cada tarde
un chaleco empapado en gasolina
por si una espalda incendiada,
por si una chispa de ternura?

¿Cómo iba a haber calma? Dime.

¿Cómo iba a haber calma
si solo buscábamos prender
y el deseo es una fuente de energía
difícilmente renovable?

¿Quién quiere sosiego
cuando la felicidad te habla a ti
y se resume en un sexo que descorchas?

¿Cómo iba a haber calma? Dime,
¿cómo?

Si ella era alérgica a la calma
y yo adicto a sus incendios.

No podía haber reposo
porque después de cada noche
nuestro nombre era ceniza.

No iba a funcionar jamás.
¿Cómo iba a hacerlo
si en sus ojos no cabían ya más despedidas?
¿Cómo iba a salir bien
si ella era aficionada a los mensajes a deshoras
y yo odio esos amores
            que prometen por la noche
                       y olvidan por el día?

No iba a funcionar porque fuimos felices
y no nos enteramos.

Guardad vuestros consejos,
no me vengáis con asambleas
si no sabéis lo que es tocar una piel
y quedar desintegrado.

Sabéis, como yo,
que aquello no iba a funcionar.

Lo sé porque nunca
vi escrito un "tal vez"
en los renglones de su boca
y ella
            y yo
éramos misiles tierra-aire,
ese tipo de personas que se elevan al cielo
dos minutos antes
del momento de explotar.