17 mar. 2019

Profesiones

Pensando en profesiones
ahora que me cansó la mía,
la de hombre respetable,
la de adulto apagado, 
cortado por el mismo patrón
que el resto del rebaño.
Ahora que he visto
que el camino prefabricado de estos tiempos no es el mío, 
debo plantearme qué soy,
qué quiero dar.
¿Poeta de éxito? No. No es suficiente.
Quiero ser un poeta a reacción
que acumule en su libreta cien mil horas de vuelo
y te lleve de viaje desde el aeropuerto de una página.
Quiero ser un poeta que cauterice,
el barrendero que te limpie las heridas.
Quiero curarte como tú me curas al leer lo que transpiro.
Yo quiero ser otra cosa, quiero ser poema, 
un hombre que al leerlo te llene de confeti.
Otra opción es ser puente,
un cantante que junte las orillas,
el albañil que con el martillo de la empatía
tire los muros que separan a los hombres, 
ser pala para cavar una zanja
donde enterrar las injusticias.
Pero no, no es suficiente,
quiero cambiar de trabajo,
joder, ¡qué cantautor ni qué poeta!
Quiero ser el perro que despierte a los ministros, 
la lluvia que se lleve los problemas,
libro y vela;
para darte luz
o empujar tu barco hasta puerto, 
quiero ser Libertad de Franzen.
¿No lo ves?
No puedo seguir siendo siervo de siervos, 
contador de monedas,
poeta domesticado,
revolucionario de chapa en mi sillón.

No puedo ser alguien que se conforme con escribir, 
quiero reventar el mundo:
con misiles de alegría
con escuadrones de bondad,
fabricando hombres buenos en la escuela.
Quiero ser mujer por lo dicho en el anterior poema, 
las palabras de Mandela.
Mujer será mi oficio,
si es que ser humano puede considerarse un trabajo.
Quiero ser Saramago
y parar todos los relojes
a la hora en que te conocí.
Quiero ser hospital en Damasco,
la sirena que anuncia que hoy llueven caramelos en Bagdad.

O algo más sencillo, más humilde. 
Ser simplemente eso,
una pieza hermosa de este puzle, 
que corrija su porción de mundo,
ser solo eso,
algo sencillo, pero difícil en estos tiempos: 
un tipo en el que puedas confiar.

4 mar. 2019

La diferencia


La diferencia entre nosotros
es que yo veía un futuro
y tú solo un pasado,
que en cada puerta yo veía un pomo
y tú una cerradura,
que una promesa es un hilo del tapiz,
pero la alfombra hay que tejerla.

Que no me fui,
dejaste de buscarme.

Que me rompiste el corazón
al dejar que te olvidara.

Y al cabo, voy entendiendo
que no fue feliz quien eligió estar solo
por miedo a perderlo todo,
sino quien se arriesgó a perderlo
por el hecho de estar juntos.

¿Entiendes esto?

Cada cuerpo elige su victoria y su derrota
como quien escoge su tren sin dirección
o su unicornio hacia la gloria.

Yo no te he perdido
porque me he ganado a mí
y ha empezado a gustarme la persona
que soy cuando ya no estoy contigo.

En los círculos de amigos
deformarás nuestra historia para salvarte,
para ponerle un buen marco a tus cicatrices,
pero los dos sabemos la verdad:
que una verdad a medias
alberga siempre media mentira,
que olvidarte es recordarme,
que me di cuenta de todo,
que cuando me sentía vacío
no eras tú quien me faltaba.

12 feb. 2019

Sesentaydiez (Poema de cumpleaños para Joaquín Sabina)

Cumple sesentaydiez hoy nuestro amigo,
el fiel notario de la madrugada,
el poeta al que usamos como abrigo,
el genio de la vida exagerada.

El rey republicano del soneto,
el lápiz más certero de la clase,
el flaco que tan solo tiene un reto:
hacerle un selfie a España en cada frase.

Cronista de la patria más gamberra,
el crooner de la vida incorregible,
el verso más buscado de la tierra,
jamás hubo un canalla tan sensible.

El tipo que ha pasado media vida
poniendo nombre a nuestras cicatrices,
el mismo que curó nuestras heridas
contándonos historias infelices.

Hoy cumples años y hay que celebrarte
dejando a la emoción que tome asiento,
volviendo a La Mandrágora a escucharte,
lanzando endecasílabos al viento.

Los años nunca vienen de pasada,
se quedan a cenar toda la vida,
por eso hay que saltar sobre los coches.

Espero que sigamos, camarada,
ganándole al ocaso la partida
setenta vidas y quinientas noches.

#FelicidadesSABINA70

24 ene. 2019

Consideraciones con respecto al amor

No conocen nada del amor
aquellos que no han temblado como un niño
acercando sus manos a otro cuerpo,
aquellos que nunca se quedaron sin aire
delante de un sostén que los miraba a medio palmo de locura.

Si no se te ha salido el corazón por la boca al ver a otra persona, 
si no se te han desbordado las caricias de las manos,
si no has necesitado un candado para sujetarlas,
de ninguna manera puedes entender de lo que hablo.

Es así.

Si no te has quedado quieto mirándola en mitad de un incendio, 
si no has perdido la consciencia golpeando tu sexo
contra la piel de alguien que te amaba,
si no saliste al ruedo con el corazón a la intemperie
sabiendo que posiblemente perderías, de verdad, ¿qué vas a saber tú?
Hazme caso, no tienes ni idea.
Si no te has sentido de cristal al abrazarla,
si no has aullado de dolor 
cuando la cornisa del abandono se desplomó un 2 de octubre,
si no te has visto desarmado
al verla apartarse el pelo de la cara
y no has caído de bruces contra el suelo del olvido,
en serio, ¿qué vas a saber tú?

Pero mucho más que eso,
si no soportaste después
la demolición paulatina de la pasión como un estoico, 
ni te mantuviste firme cuando el gozo de la piel
se fue haciendo pasajero, realmente intermitente.
Si al llegar los primeros rayos de desgana huiste,
en lugar de pensar que merecía la pena la lucha,
y no buscaste dos mil maneras de volver a encenderlo,
¿qué coño vas a contarme?, ¿qué diablos sabes tú de todo esto?
Si te borraste a las doce tardes de rutina,
si abandonaste la escena y preferiste ir al abordaje de otra piel
sin tratar de buscar la playa del amor con pactos e ilusiones compartidas,
de verdad, si no lo hiciste alguna vez,
¿qué sabes tú de todo esto?
Si no lo has intentado todo cuando ya no funcionaba,
ni has sujetado una mano enferma
cuando tu egoísmo demandaba otras ocupaciones,
si no has antepuesto alguna vez la tristeza ajena a tu felicidad 
y no has aliviado sus cargas a un ser querido,
¿qué vas a saber tú de todo esto?

Si preferiste salvar tus muebles 
y llegó un portazo y era tuyo, 
y llegó la cobardía y eras tú
y la falta de empatía era tu nombre;
si todo esto te sucedió, entonces debo decirte algo:
no tienes ni idea, amigo, de verdad, 
no tienes ni la más remota idea
de qué es el amor.



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Poema del libro "Los amores imparables" de Marwan

30 dic. 2018

Fin de año


En un par de días acabará este año
y comenzará uno nuevo,
el primero en que ya no te necesite.

Conduzco el pasado con calma hasta el desguace
y la verdad es que no sé si me alegra del todo
saber que me ha llevado cinco años
superar algo que entendí en cinco minutos:
que nuestra historia era imposible
como mirar la silueta de la lluvia.
Pero ya ves, nunca he sido diestro
en las tareas del olvido,
nací sin saber descifrar bien
la caligrafía de un adiós.

Resulta agotador que en nuestras cabezas
siempre tenga que ser todo para siempre
y es jodido entender que formo parte
de ese ejército de hombres tristes
del que suelo hablar en los poemas
cuando no hablo de mí.

Y no es hablar de una edad en que
el sudor dictaba el horario de las sábanas
ni de tu dulce recuerdo
cuando me hacías el amor en la cocina.
No es eso.
No siento nostalgia de ti,
sino nostalgia de mí,
del chico que se atrevía
a tener una cita a ciegas con su destino
y volvía, quizá golpeado, pero convencido.

Buscábamos olvidar y lo logramos.
Aquí te dejo la herida de la victoria,
de entender que ese olvido
es saber que en el fondo
no fue posible nuestra historia
y que ahora hay que desaprender el camino
que conduciéndome a esa ciudad llamada nosotros
me llevó tan, tan lejos de mí.