12 feb. 2019

Sesentaydiez (Poema de cumpleaños para Joaquín Sabina)

Cumple sesentaydiez hoy nuestro amigo,
el fiel notario de la madrugada,
el poeta al que usamos como abrigo,
el genio de la vida exagerada.

El rey republicano del soneto,
el lápiz más certero de la clase,
el flaco que tan solo tiene un reto:
hacerle un selfie a España en cada frase.

Cronista de la patria más gamberra,
el crooner de la vida incorregible,
el verso más buscado de la tierra,
jamás hubo un canalla tan sensible.

El tipo que ha pasado media vida
poniendo nombre a nuestras cicatrices,
el mismo que curó nuestras heridas
contándonos historias infelices.

Hoy cumples años y hay que celebrarte
dejando a la emoción que tome asiento,
volviendo a La Mandrágora a escucharte,
lanzando endecasílabos al viento.

Los años nunca vienen de pasada,
se quedan a cenar toda la vida,
por eso hay que saltar sobre los coches.

Espero que sigamos, camarada,
ganándole al ocaso la partida
setenta vidas y quinientas noches.

#FelicidadesSABINA70

24 ene. 2019

Consideraciones con respecto al amor

No conocen nada del amor
aquellos que no han temblado como un niño
acercando sus manos a otro cuerpo,
aquellos que nunca se quedaron sin aire
delante de un sostén que los miraba a medio palmo de locura.

Si no se te ha salido el corazón por la boca al ver a otra persona, 
si no se te han desbordado las caricias de las manos,
si no has necesitado un candado para sujetarlas,
de ninguna manera puedes entender de lo que hablo.

Es así.

Si no te has quedado quieto mirándola en mitad de un incendio, 
si no has perdido la consciencia golpeando tu sexo
contra la piel de alguien que te amaba,
si no saliste al ruedo con el corazón a la intemperie
sabiendo que posiblemente perderías, de verdad, ¿qué vas a saber tú?
Hazme caso, no tienes ni idea.
Si no te has sentido de cristal al abrazarla,
si no has aullado de dolor 
cuando la cornisa del abandono se desplomó un 2 de octubre,
si no te has visto desarmado
al verla apartarse el pelo de la cara
y no has caído de bruces contra el suelo del olvido,
en serio, ¿qué vas a saber tú?

Pero mucho más que eso,
si no soportaste después
la demolición paulatina de la pasión como un estoico, 
ni te mantuviste firme cuando el gozo de la piel
se fue haciendo pasajero, realmente intermitente.
Si al llegar los primeros rayos de desgana huiste,
en lugar de pensar que merecía la pena la lucha,
y no buscaste dos mil maneras de volver a encenderlo,
¿qué coño vas a contarme?, ¿qué diablos sabes tú de todo esto?
Si te borraste a las doce tardes de rutina,
si abandonaste la escena y preferiste ir al abordaje de otra piel
sin tratar de buscar la playa del amor con pactos e ilusiones compartidas,
de verdad, si no lo hiciste alguna vez,
¿qué sabes tú de todo esto?
Si no lo has intentado todo cuando ya no funcionaba,
ni has sujetado una mano enferma
cuando tu egoísmo demandaba otras ocupaciones,
si no has antepuesto alguna vez la tristeza ajena a tu felicidad 
y no has aliviado sus cargas a un ser querido,
¿qué vas a saber tú de todo esto?

Si preferiste salvar tus muebles 
y llegó un portazo y era tuyo, 
y llegó la cobardía y eras tú
y la falta de empatía era tu nombre;
si todo esto te sucedió, entonces debo decirte algo:
no tienes ni idea, amigo, de verdad, 
no tienes ni la más remota idea
de qué es el amor.



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Poema del libro "Los amores imparables" de Marwan

30 dic. 2018

Fin de año


En un par de días acabará este año
y comenzará uno nuevo,
el primero en que ya no te necesite.

Conduzco el pasado con calma hasta el desguace
y la verdad es que no sé si me alegra del todo
saber que me ha llevado cinco años
superar algo que entendí en cinco minutos:
que nuestra historia era imposible
como mirar la silueta de la lluvia.
Pero ya ves, nunca he sido diestro
en las tareas del olvido,
nací sin saber descifrar bien
la caligrafía de un adiós.

Resulta agotador que en nuestras cabezas
siempre tenga que ser todo para siempre
y es jodido entender que formo parte
de ese ejército de hombres tristes
del que suelo hablar en los poemas
cuando no hablo de mí.

Y no es hablar de una edad en que
el sudor dictaba el horario de las sábanas
ni de tu dulce recuerdo
cuando me hacías el amor en la cocina.
No es eso.
No siento nostalgia de ti,
sino nostalgia de mí,
del chico que se atrevía
a tener una cita a ciegas con su destino
y volvía, quizá golpeado, pero convencido.

Buscábamos olvidar y lo logramos.
Aquí te dejo la herida de la victoria,
de entender que ese olvido
es saber que en el fondo
no fue posible nuestra historia
y que ahora hay que desaprender el camino
que conduciéndome a esa ciudad llamada nosotros
me llevó tan, tan lejos de mí.

17 dic. 2018

La noche era un animal

La noche era un animal fuera de una jaula, 
podía destrozarnos en cualquier momento 
con una avalancha de nostalgia,
podía clavarnos sus dientes
sobre la frágil pared del corazón,
tal y como suele suceder de madrugada, 
cuando el dolor tira los dados.

Pero no fue así. La noche se abrió paso entre nosotros como una tregua 
cuando sonriendo desde el otro lado de la barra,
a mi enésimo guiño de la noche,
me dejaste esa nota escrita,
ese billete de ida al paraíso:
"No puedo hablar ahora. 
El jefe nos vigila.
Salgo a las 6, si me esperas
y me invitas a desayunar,
te invito yo a lo que surja". Y surgió todo
y conocí la dirección desde donde manda postales la felicidad, 
que está en una buhardilla de Malasaña
donde un ángel, tú, te quitaste el plumaje
para devolverme la felicidad
que en otra piel había entregado
y jamás me había sido devuelta.

Y para mi asombro no me diste una mañana,
sino el futuro entero, bien envuelto para regalo,
para usarlo el resto de los días de mi vida.

Ahí entre las mantas me lo explicaste:
"Dos cuerpos y ganas de comprenderse. 
No hace falta más, solo eso.
El resto, tonterías.
Esa es la receta de la felicidad". Y yo no sé si es del todo cierto o no,
porque nunca antes la había sentido de tal manera,
pero me temo que todo lo que surgió a partir de ahí
o es la felicidad o se le parece demasiado.
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Poema de “Los amores imparables”

6 dic. 2018

Me pregunto



Me pregunto si dos cuerpos desnudos
pueden recordarse sin haberse visto desnudarse,
si alguna vez tendremos tiempo para el otro,
si en tu calendario cabe mi ciudad,
si a ti también te duelen los besos que no has dado.

Me lo pregunto porque no me has dejado apuntada
la dirección de tus orgasmos,
porque una cena es muy poco,
porque en aquellos platos
nos dejamos una conversación sin ropa,
un futuro que sonaba diferente.

Me pregunto si en lugar de despedidas
hay una puerta por la que te veré entrar
como el dios que irrumpe con su lluvia
en el incendio interminable.

Me pregunto todo esto:
si seremos más que un prólogo,
si guardas un cuaderno con mi nombre
para escribir la parte que no quieres perderte de mi vida.

Sé de sobra que estos sentimientos
parecerán galgos corriendo más deprisa que nosotros.
También sé que nadie quiere ir a allí
donde la desesperación espera tras unos ojos.

Pero no es desesperación.
Es un verbo no inventado esto que siento,
cercano a la urgencia, cercano a una dulce fiebre,
una especie de línea dibujada
entre la posibilidad de tenerte entre mis manos
y la posibilidad de no tocarte nunca.
Seguro que entenderás de lo que hablo.

Me pregunto si ese sábado fue cierto,
si guardas una copia de seguridad de tus sentidos
por si no vuelves a verme.

Me pregunto si es capricho o necesidad,
si es algo cercano al deseo,
o algo cercano al amor.

Es solo eso, que me pregunto cosas:
si tú también eres alérgica a las despedidas,
si el destino nos espera en una cama,
si en febrero habrá respuestas para esto.