30 dic. 2018

Fin de año


En un par de días acabará este año
y comenzará uno nuevo,
el primero en que ya no te necesite.

Conduzco el pasado con calma hasta el desguace
y la verdad es que no sé si me alegra del todo
saber que me ha llevado cinco años
superar algo que entendí en cinco minutos:
que nuestra historia era imposible
como mirar la silueta de la lluvia.
Pero ya ves, nunca he sido diestro
en las tareas del olvido,
nací sin saber descifrar bien
la caligrafía de un adiós.

Resulta agotador que en nuestras cabezas
siempre tenga que ser todo para siempre
y es jodido entender que formo parte
de ese ejército de hombres tristes
del que suelo hablar en los poemas
cuando no hablo de mí.

Y no es hablar de una edad en que
el sudor dictaba el horario de las sábanas
ni de tu dulce recuerdo
cuando me hacías el amor en la cocina.
No es eso.
No siento nostalgia de ti,
sino nostalgia de mí,
del chico que se atrevía
a tener una cita a ciegas con su destino
y volvía, quizá golpeado, pero convencido.

Buscábamos olvidar y lo logramos.
Aquí te dejo la herida de la victoria,
de entender que ese olvido
es saber que en el fondo
no fue posible nuestra historia
y que ahora hay que desaprender el camino
que conduciéndome a esa ciudad llamada nosotros
me llevó tan, tan lejos de mí.

17 dic. 2018

La noche era un animal

La noche era un animal fuera de una jaula, 
podía destrozarnos en cualquier momento 
con una avalancha de nostalgia,
podía clavarnos sus dientes
sobre la frágil pared del corazón,
tal y como suele suceder de madrugada, 
cuando el dolor tira los dados.

Pero no fue así. La noche se abrió paso entre nosotros como una tregua 
cuando sonriendo desde el otro lado de la barra,
a mi enésimo guiño de la noche,
me dejaste esa nota escrita,
ese billete de ida al paraíso:
"No puedo hablar ahora. 
El jefe nos vigila.
Salgo a las 6, si me esperas
y me invitas a desayunar,
te invito yo a lo que surja". Y surgió todo
y conocí la dirección desde donde manda postales la felicidad, 
que está en una buhardilla de Malasaña
donde un ángel, tú, te quitaste el plumaje
para devolverme la felicidad
que en otra piel había entregado
y jamás me había sido devuelta.

Y para mi asombro no me diste una mañana,
sino el futuro entero, bien envuelto para regalo,
para usarlo el resto de los días de mi vida.

Ahí entre las mantas me lo explicaste:
"Dos cuerpos y ganas de comprenderse. 
No hace falta más, solo eso.
El resto, tonterías.
Esa es la receta de la felicidad". Y yo no sé si es del todo cierto o no,
porque nunca antes la había sentido de tal manera,
pero me temo que todo lo que surgió a partir de ahí
o es la felicidad o se le parece demasiado.
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Poema de “Los amores imparables”

6 dic. 2018

Me pregunto



Me pregunto si dos cuerpos desnudos
pueden recordarse sin haberse visto desnudarse,
si alguna vez tendremos tiempo para el otro,
si en tu calendario cabe mi ciudad,
si a ti también te duelen los besos que no has dado.

Me lo pregunto porque no me has dejado apuntada
la dirección de tus orgasmos,
porque una cena es muy poco,
porque en aquellos platos
nos dejamos una conversación sin ropa,
un futuro que sonaba diferente.

Me pregunto si en lugar de despedidas
hay una puerta por la que te veré entrar
como el dios que irrumpe con su lluvia
en el incendio interminable.

Me pregunto todo esto:
si seremos más que un prólogo,
si guardas un cuaderno con mi nombre
para escribir la parte que no quieres perderte de mi vida.

Sé de sobra que estos sentimientos
parecerán galgos corriendo más deprisa que nosotros.
También sé que nadie quiere ir a allí
donde la desesperación espera tras unos ojos.

Pero no es desesperación.
Es un verbo no inventado esto que siento,
cercano a la urgencia, cercano a una dulce fiebre,
una especie de línea dibujada
entre la posibilidad de tenerte entre mis manos
y la posibilidad de no tocarte nunca.
Seguro que entenderás de lo que hablo.

Me pregunto si ese sábado fue cierto,
si guardas una copia de seguridad de tus sentidos
por si no vuelves a verme.

Me pregunto si es capricho o necesidad,
si es algo cercano al deseo,
o algo cercano al amor.

Es solo eso, que me pregunto cosas:
si tú también eres alérgica a las despedidas,
si el destino nos espera en una cama,
si en febrero habrá respuestas para esto.

21 ene. 2018

Dos cuerpos

A veces imagino tu cuerpo de mujer
y mi cuerpo de hombre,
ambos tumbados, ajenos a nosotros,
entendiéndose entre sí,
como dos niños que se estudian,
que exploran quiénes son,
quién es el otro,
qué son esas formas diferentes,
esa geografía cambiante que aparece en ambos cuerpos. 

Me imagino a mi cuerpo
desabrochándose el cinturón de la culpa,
pidiendo y viendo cómo te desabrochas tú
las palabras que te frenan,
la estúpida costumbre de pedir un después
cuando aún no existe ni un ahora. 

Y los imagino ahí, en formato poesía, 
a nuestros cuerpos liberados de los que somos,
asomándose al balcón de los sentidos,
descerrajando la madrugada
con el imparable viento de un suspiro,
las horas deshaciéndose como lágrimas en el mar,
tus piernas abiertas dejando paso al cielo entrante,
esa cueva perfecta en la que guarecerse del afuera. 

Nuestros cuerpos libres flotando en el ahora,
perdiendo hasta el nombre,
esos que tú y yo somos despojados de nosotros mismos
haciendo el amor como incesantes máquinas de luz
en la búsqueda perfecta del nudo al fin deshecho,
de esa meta cruzada,
ya sabes de lo que hablo,
del infinito,
de una liberación aún mayor,
de tu cuerpo ajeno a ti
y mi cuerpo ajeno a mí,
juntos, 
llegando en avión hasta el orgasmo.

13 dic. 2017

El hilo de Twitter

Salía de mi casa así, ligero, con el chaleco de la alegría,
siendo parte del viento, dejándome llevar por el airecillo de la libertad.

Pero puso Trump su dedo sucio sobre Palestina,
puso el Telediario imágenes de niños desnutridos,
puso otro hombre el cuchillo en el vientre de su mujer
y el día soleado se hizo nube negra sobre la sociedad
y entonces tuve que vestirme de guerrero,
del guerrero que cambia el mundo,
y tuiteé #mecagoenlosmuertosdelosmalos
y la gente que apoya la igualdad me retuiteo,
y la gente que apoya a los malos —pero escuchan mis canciones—,
pusieron excusas, me lanzaron botes de mierda virtual,
y se lió, y el insulto corría como Usain tras la medalla,
y se hizo una cadena de comentarios tan grande,
tan violenta y viral,
que salió en las noticias,
fue saltando los periódicos,
la leyeron Shakira, Vargas Llosa, Neymar,
la leyeron 4 premios nobel,
la selección de waterpolo,
e incluso Mandela y Hugo Chávez desde el cielo.

Y siguieron los comentarios,
vamos basura y más basura
y también gente que apoyaba la moción
y retuitearon Simeone, Iñarritu, Ricky Martin
y me insultaron los amigos de Trump
y me intentaron hackear las ilusiones
y la bola de nieve fue creciendo
y comenzaron a escribir en inglés
y el hilo de twitter no terminaba
y ya nadie se acordaba de mí,
ya todo era un hilo tan largo
que daba la vuelta al planeta
hasta que le llegó a Trump,
a través de cien millones de cuentas,
temblaban los cimiento de la Casa Blanca
y no se hablaba de otra cosa en los pasillos de la ONU,
ya nadie se acordaba de mí,
solo de la ola de protestas
que estaba inundando el mundo
como la lava de Pompeya
y le llegó al Parlamento,
y llegó a todas partes,
a la antigua Grecia
a la Rusia de Stalin,
a los arquitectos de la Alhambra
a los jemeres rojos de Camboya
y saltaban los haters en pedazos
pues nos daban igual,
la gente quería cambiar las cosas
y solo se hablaba del estado del mundo,
por una vez, nos centramos en el mundo
y olvidamos a los influencers
y dejamos de pensar en comprar y comprar
porque todo el mundo estaba en la red, sacudido,
y Trump en su escondite,
reunido con su gabinete
llamando a Putin,
llamando a Obama,
llamando a China,
y el amor y el odio corrían como al pólvora por la red
y el miedo en los políticos
que temían que la revuelta popular
se extendiera por la calle,
pero no,
todos andábamos con los dedos opinando en la pantalla,
y solo se hablaba del mundo
del hilo de twitter
y Trump llegó a la conclusión de que aquello era imparable,
así que decretó que cerrara Apple y Google y Microsoft
y canceló las licencias de telefonía
y los canales de TV que solo hablaban del hilo y la ola
y mandó un fax a Merkel
a Mariano
a Macri
a Vladimir
y a este y al otro
desde la Antártida hasta el último rincón de la India
y el mundo en media hora se quedó sin red,
sin vuelos,
con todas
sus pantallas
 apagadas.

Por primera vez en 4 días había cesado el ruido.

El silencio era absoluto.

Miles de millones de personas
en su casa se quedaron con los dedos pegados a la pantalla,
a un pantalla muerta. Todo eran pantallas sin vida.
También las de televisión.

Y no solo eso. Por primer vez en su vida
los gobernantes habían tenido verdadero miedo
del poder brutal del pueblo para cambiarlo todo.

En los días siguientes
todos los políticos dimitieron en masa
por la presión popular en las calles.
Nunca más hubo internet.
Se volvió a 1980,
esa época de la historia en la que el consumo
era sostenible para el planeta
y los nuevos gobiernos mataron al monstruo del paro
mataron a la desnutrición mundial
empezaron a educar en la igualdad de hombres y mujeres
y Trump cayó en el olvido
él solo en su edificio de la quinta avenida
llorando por aquellos tiempos
en que a través del miedo
había sido capaz de encender la rabia
del mundo entero,
ese mismo miedo,
que sin darse cuenta
había encendido el hilo milagroso de twitter

que realmente


cambio a la humanidad.