4 jun. 2008

Muerte sin banderas


Este es un artículo que unos días despues del 11-M publicó el diario El Pais. Es de Benjamín Prado. La primera vez que lo lei fue la semana después del atentado en el mausoleo improvisado que se formó en la estación de Atocha. Estaba pegado en una columna por uno de los miles de ciudadanos madrileños que dejaron mensajes de dolor y recuerdo. A mi me parece una maravilla y creo que no muchos conocerán este texto.

MUERTE SIN BANDERAS (Benjamín Prado)

Los muertos no tienen país, ni bandera, ni pasaporte; nada de eso les hace falta porque nada de eso importa. Ahora lo sabe todo el mundo, pero quizá mañana algunos lo olviden. Ahora es muy fácil darse cuenta, ver iguales a todas las víctimas del Once de Marzo, ser incapaces de encontrar cualquier diferencia entre los que lloran. ¿O no? ¿Cómo llora un rumano malherido, en comparación con un chileno? ¿Los marroquíes lloran a sus hijas asesinadas de forma distinta a los españoles o a los filipinos o a los ecuatorianos? ¿Su sangre es distinta? ¿Su dolor es de otra clase? Hasta el Once de Marzo, mucha gente creía que sí.

En los trenes de la muerte había ciudadanos de la República Dominicana, Filipinas, Polonia, Ucrania, Chile, Marruecos, Perú, Rumania, Ecuador, Bulgaria, Cuba, España... En esos trenes había, sin duda, una explicación de lo que es una ciudad como Madrid. Y también había una respuesta. Mientras los trenes se movían, hubo quien creyó que las personas que viajaban en ellos no eran todas iguales.


En cuanto los trenes se detuvieron para siempre, a muchos se les rompió entre las manos la palabra patria, a otros les pareció indigna la palabra frontera, y hubo quien se avergonzó de las palabras legal e ilegal. También hubo quien se dio cuenta de que cuanto más grandes se hacen las banderas, más pequeños se vuelven los países.


El Once de Marzo, miles de ciudadanos corrieron a los hospitales, benditos sean un millón de veces, para donar su sangre. Y ésa era otra respuesta contra los canallas, los mentirosos y los oportunistas: ésto es Madrid, esa ciudad tan acosada y tan sospechosa para muchos, y ésto somos nosotros.


¿Habrá gente tan miserable que se atreva a olvidarlo? Los que daban su sangre no preguntaban la nacionalidad de las víctimas, ni su religión. Durante algunas horas, no existieron las naciones, ni los himnos, ni las aduanas. Ahora, la sangre de una mujer de Barcelona correrá por las venas de un hombre de Rabat y la de un muchacho de Madrid pasará por el corazón de una chica de Bucarest. Todo lo demás es mentira.


Mientras los trenes se movían, hubo personas que sentían desconfianza y hasta temor al mirar al viajero de al lado, aunque en realidad no sabían mucho de él, sólo que, al menos por su parte de afuera, parecía tan diferente. Aunque luego, al ver sus historias en los periódicos, esas historias hechas con verbos en pasado que contaban la vida de los muertos, la cosa cambiaba. La verdad es que por dentro ya no parecían tan distintos o tan peligrosos. Uno era mecánico, otro químico, otro albañil, otro ingeniero, otro estudiante. Uno se llamaba Enrique, era de la República Dominicana, le gustaba bailar la bachata y el merengue, su canción favorita era Presumida, de Eddy Herrera. Otra se llamaba Mariana, venía de Transilvania y le gustaba el mar, le gustaba ir a Puerto Banús. Otro se llamaba Neil y era seguidor del Real Madrid. Otra se llamaba Paula Mihaela y le gustaban las plantas, tenía su piso lleno de flores. Todos ellos podrían habar sido cualquiera de nosotros.


La muerte nunca es justa, y menos aún esta clase de muerte, pero sí que es didáctica: nos recuerda nuestro verdadero tamaño y, de ese modo, nos iguala. ¿Habrán aprendido algo de este desastre los intolerantes y los racistas? ¿Habrán aprendido algo de la generosidad y el heroísmo de tantos? A una mujer rumana, llamada Livia, la enterraron con su vestido de novia.
A un español llamado Jorge, tan seguidor del Real Madrid como el ecuatoriano Neil Torres, lo enterraron con la camiseta de Zinedine Zidane, su jugador favorito.


El Once de Marzo acabaron en Madrid doscientas historias. Algunas habían comenzado en una ciudad de la República Dominicana, otras en una ciudad de Filipinas, Polonia, Chile o Marruecos; de Perú, Rumania o Ecuador; de Bulgaria o de Cuba.


Todas acabaron aquí y todos los que murieron en nuestra ciudad y entre nosotros son nuestros muertos. Ojalá que a partir de ahora todos los vivos de buena voluntad puedan ser también nuestros vivos. Madrid nos ha enseñado que dentro de la palabra nosotros cabe la palabra todos.

10 comentarios:

reyes dijo...

No conocía este artículo y la verdad es que me he quedado petrificada... Al revivir, como si fuera ayer, ese fatídico día, que nunca, nunca podremos olvidar: los trenes, los asesinados y los cientos de heridos, las ambulancias, las lágrimas, el dolor, el miedo, la pena, el odio,...

Tenemos la gran suerte de que nuestra historia ha continuado, con todos ellos en nuestra memoria y recuerdo.

Gracias Marwan.

eva dijo...

Yo tampoco conocía este artículo, y es precioso, y real cuando pasa algo así, lo malo que luego en el día a día hay gente que se le olvida y vuelve a poner sus banderas cuando todos deberíamos ser ciudadanos del mundo

Un beso

Anónimo dijo...

"Madrid nos ha enseñado que dentro de la palabra nosotros cabe la palabra todos"

Genial, no encuentro otra palabra para definirlo. Cada una de las ideas y sentimientos que plasma tiene el poder de poner los pelos de punta, y no es para menos, porque dice verdades como puños.LUCITA

Lore* dijo...

No sabía que tuvieras blog, si, mala fan... que no me había visto enterita la página nueva ;(

Al tema, no había leido este artículo, y la verdad que tampoco mucho sobre el 11M, porque aunque suene, como suene, me pone muy triste, con el tiempo me he dado cuenta que quizá soy demasiado sensible, me implico mucho emocionalmente con las historias y se me queda una sensación que no me gusta nada, y leo cosas de este tipo, y no puedo evitar que se me caigan las lágrimas, porque podía haber sido yo, o peor, alguien de mi familia. Pero es real como la vida, real como ese atentado, y real como que por dentro, todos somos iguales.

Un besito, artista.

de madrid dijo...

Este fin de semana viniendo de una escapa de fin de semana con mis amigas, estuvimos escuchando tu nuevo disco, escuche por primera vez la canción que tienes del 11-M y bueno, sólo diré que las gafas de sol ocultaron mis lagrimas.

hoy kién soy da igual ... una de todos dijo...

... por fin .... después de 10 días viendo esto colgado akí, hice un acto, no sé si de voluntad o masokismo para leerlo ...


... no ha sido tan duro y .... eso duele más incluso que el propio texto ....


... me atrevería a contestar a alguna pregunta de las que plantea .... pero las respuestas no serían las deseadas .... me atrevería a plantear otras preguntas que kizá no tengan respuesta ....


...gracias por mantener la memoria, que al fin y al cabo, es de lo poco que nos keda ....



un besazo, rizos!

imaginación dijo...

Hola! .. hoy he estado en el extraño lugar donde has actuado... un biblioteca de Barcelona..ha sido por casualidad.. pero como todas las casualidades ha tenido algo de fantástico porque me has hecho pasar un rato increible.. así que gracias! Por cierto.. he comprado el disco .. y la dedicatoria... ha sidooooo preciosa.... " TIenes el nombre más bonito del mundo" ...así alto y claro.. jajaja. GRACIAS.. porque tu tienes la voz más bonita del mundo. Un besazo!

Todos nacemos en cualquier lugar,
me pido primer para desertar
de la memez
de los que saben negociar
tablas en el ajedrez,
que no te quiten la sed
los que hablan sin respirar.

imaginación dijo...

Por cierto.. que no he dicho mi nombre.. jeje...Irene

Anónimo dijo...

No habia leido el texto pero muchas gracias por colgarlo en tu blog porque es una maravilla se me puso la piel de gallina.

Un muxu enorme Maitane.

Meadow dijo...

Gracias por regalarme este artículo, con tu permiso y con el de Benjamín Prado lo colgaré en mi web el próximo Once de Marzo.

Benjamín tiene una cualidad que pocos consiguen. Es capaz de expresar con palabras lo que yo pienso. Ver un sentimiento, tu sentimiento escrito, poder comprender tu propio sentimiento es una sensación que atrapa.

Benjamín lo hace a menudo, y este artículo es uno de los que más, sin duda. Aunque hay muchos.

Nada puedo añadir a lo que dice el maestro, porque como digo, él es capaz de decirlo por mi, incluso antes de que yo lo comprensa.

Gracias a ambos, a ti por el artículo y a él por el artículo.