Fui posponiendo todas las cosas,
ocultándome entre las ramas de algún amor precipitado,
escondiéndome entre el efímero calor
de las buenas palabras de amigos que me quieren ver bien,
huyendo siempre hacia delante,
evitando ver lo que tenía dentro,
tratando de dar al destino con la puerta en la cara
pero tuve que rendirme.
No pude eludir la cita que tenía conmigo
y tuve que bajar hasta el fondo de mi mismo
igual que un hombre que baja al cuarto de calderas sin linterna.
Allí estaban mi tendencia a agradar al resto tapando el miedo a que no me quisieran,
mi necesidad de demostrar que soy inocente sin saber nunca de qué,
un hueco en la pared hecho de ilusiones rotas,
los miedos que nos inculcaron nuestros padres,
que les inculcaron a nuestros padres,
que les inculcaron a sus padres,
el rencor que me dejó un sueño que no pude cumplir,
las expectativas hechas pedazos
y decidí no tratar de achicar el agua de ningún Titanic,
no quise correr, decidí sentarme a mirar
y ver que toda esa porquería también forma parte de mi
y no quise recogerla y tirarla por la ventana
sino entender de dónde venían
y perdonarme por no ser perfecto
y por eso no tiene final este poema,
porque estoy en ello.
7 feb 2011
Adivinanza
A veces me acuerdo de ti,
rota por dentro y hermosa por fuera
como aquellas mañanas
en las que nada hacía presagiar
que todo acabaría resumido
en las tristes líneas de un poema.
Tu espalda sigue siendo un jirón de nube
pero ya nunca desemboca entre el algodón
de las sábanas de Ikea que años antes
se aprendieron de memoria nuestros cuerpos.
Mi risa es sólo un tachón que aparece
de vez en cuando, cuando con unas botellas de vino
me junto con algunos amigos
para decir cosas preciosas sobre ti
o maldecirte.
El final siempre es doloroso
y siempre es más doloroso para uno que para el otro:
adivina qué papel me toco a mi.
rota por dentro y hermosa por fuera
como aquellas mañanas
en las que nada hacía presagiar
que todo acabaría resumido
en las tristes líneas de un poema.
Tu espalda sigue siendo un jirón de nube
pero ya nunca desemboca entre el algodón
de las sábanas de Ikea que años antes
se aprendieron de memoria nuestros cuerpos.
Mi risa es sólo un tachón que aparece
de vez en cuando, cuando con unas botellas de vino
me junto con algunos amigos
para decir cosas preciosas sobre ti
o maldecirte.
El final siempre es doloroso
y siempre es más doloroso para uno que para el otro:
adivina qué papel me toco a mi.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)