Hola a todos, q tal? Últimamente subo más cosas al facebook que al blog pero no me olvido. Así que pongo algunos d elos que he subido en las últimas semanas. Por cierto, feliz año a todos :)
Con el paso del tiempo
Me encontré a un antiguo compañero
del instituto en el metro
tras muchos años sin vernos.
Hablamos de lo de siempre, del trabajo,
de sus horarios, mis conciertos,
nos contamos cosas triviales.
Llegó su parada y nos despedimos.
Me dijo, joder, estás igual.
Según se iba miré su ropa, triste y gris,
su ropa sin vida, su forma de caminar
sin gracia, sus gafas antiguas,
su dificultad para relacionarse
y su gesto insípido de adolescente sin éxito.
Tú si que sigues igual, pensé.
Idiomas (Poema a 2 manos junto a Diego Ojeda)
Parece que hablamos idiomas diferentes
y aunque a veces no nos hacen falta
las palabras para entendernos,
deberíamos inventar nuestro propio idioma,
un idioma que no contenga la palabra inalcanzable
y que no necesite decir caricia
porque sea la caricia en si misma
un idioma hecho de piel y mordiscos
un idioma hecho de subidas y bajadas
un idioma igual que si una guirnalda gigante
colgara del mundo
un idioma que fuera una bienvenida con fiesta
y palomas al viento.
Estoy básicamente hablando de encontrar
una nueva manera de entendernos
que no nos acerque a vocablos como
malentendido
cicuta
trampa
o cerradura.
Yo ya tengo las vulgares palabras para entenderme
con el resto del mundo
pero nosotros es otra cosa, otro idioma.
Si no lo conseguimos acabaremos necesitando
un traductor para los sentimientos,
preguntando qué significaba amar.
La fiesta
Me desperté por un ruido que venía de alguna parte de mi casa y fui a ver qué sucedía. Al abrir la puerta del salón vi serpentinas saltando por los aires que agujereaban las cortinas con sus trallazos para aterrizar agotadas sobre los muebles después de tanto vuelo en espiral. Las copas, borrachas, brindaban entre si y chocaban tan fuerte que algunas se rompían una mano o un pie. El sofá tenía el rostro desencajado por las carcajadas mientras le contaba una historia a los cojines que se abrazaban para no caerse de la risa. Obuses de confeti cruzaban el cielo de mi casa mientras las sillas bailaban poseídas de tanta felicidad. Las botellas de champán se abrían solas vaciando sus vientres por los aires, luces de discoteca decoraban cada pared, el parqué era una pista de baile y los cds rodaban por el suelo y saltaban hasta el aparato de música. Desde el pasillo miraba resignada y mediocre la tristeza, con ganas de sumarse a la fiesta donde nunca la invitarían. No era un sueño, estaba sucediendo de verdad y entonces entendí el por qué de aquella fiesta: por fin me había olvidado de ti.
Con el paso del tiempo
Me encontré a un antiguo compañero
del instituto en el metro
tras muchos años sin vernos.
Hablamos de lo de siempre, del trabajo,
de sus horarios, mis conciertos,
nos contamos cosas triviales.
Llegó su parada y nos despedimos.
Me dijo, joder, estás igual.
Según se iba miré su ropa, triste y gris,
su ropa sin vida, su forma de caminar
sin gracia, sus gafas antiguas,
su dificultad para relacionarse
y su gesto insípido de adolescente sin éxito.
Tú si que sigues igual, pensé.
Idiomas (Poema a 2 manos junto a Diego Ojeda)
Parece que hablamos idiomas diferentes
y aunque a veces no nos hacen falta
las palabras para entendernos,
deberíamos inventar nuestro propio idioma,
un idioma que no contenga la palabra inalcanzable
y que no necesite decir caricia
porque sea la caricia en si misma
un idioma hecho de piel y mordiscos
un idioma hecho de subidas y bajadas
un idioma igual que si una guirnalda gigante
colgara del mundo
un idioma que fuera una bienvenida con fiesta
y palomas al viento.
Estoy básicamente hablando de encontrar
una nueva manera de entendernos
que no nos acerque a vocablos como
malentendido
cicuta
trampa
o cerradura.
Yo ya tengo las vulgares palabras para entenderme
con el resto del mundo
pero nosotros es otra cosa, otro idioma.
Si no lo conseguimos acabaremos necesitando
un traductor para los sentimientos,
preguntando qué significaba amar.
La fiesta
Me desperté por un ruido que venía de alguna parte de mi casa y fui a ver qué sucedía. Al abrir la puerta del salón vi serpentinas saltando por los aires que agujereaban las cortinas con sus trallazos para aterrizar agotadas sobre los muebles después de tanto vuelo en espiral. Las copas, borrachas, brindaban entre si y chocaban tan fuerte que algunas se rompían una mano o un pie. El sofá tenía el rostro desencajado por las carcajadas mientras le contaba una historia a los cojines que se abrazaban para no caerse de la risa. Obuses de confeti cruzaban el cielo de mi casa mientras las sillas bailaban poseídas de tanta felicidad. Las botellas de champán se abrían solas vaciando sus vientres por los aires, luces de discoteca decoraban cada pared, el parqué era una pista de baile y los cds rodaban por el suelo y saltaban hasta el aparato de música. Desde el pasillo miraba resignada y mediocre la tristeza, con ganas de sumarse a la fiesta donde nunca la invitarían. No era un sueño, estaba sucediendo de verdad y entonces entendí el por qué de aquella fiesta: por fin me había olvidado de ti.