Hola a todos, esta semana nos hicieron un reportaje a Luis Ramiro y a mi en el periódico Público. Trata sobre canción de autor y la crisis. No sé si hablaron con más autores. Por lo visto el reportaje abrirá la sección de cultura del periódico. Ya sabeis, si os apetece habrá que ir al quiosco.
Por cierto, ayer estuve en Barcelona dando un concierto y fue increible. La verdad es que el ambiente fue inigualable y la gente estuvo de cine. Era la primera vez que llenaba en Barna. Me hacía ilusión contarlo porque estoy realmente feliz. Parece que poco a poco el curro de todos estos años va dando muy buenos frutos.
Espero que os vaya bien el fin de semana. Disfrutad.
Besos y abrazos
28 feb 2009
25 feb 2009
Más fechas de concierto y cambio de fecha de Valladolid
Hola, ¿qué tal? David, mi representante está currando a tope y tenemos nuevas fechas de concierto y un cambio en el concierto de Valladolid que ha sido pospuesto por la organización hasta mayo ya que era un concierto benéfico.
- Concierto en A Coruña el 30 de Abril aunque existe la posibilidad de que sea el 1 de mayo pero es seguro uno de esos 2 días.
- Concierto en Libertad 8 el 11 de Mayo
Esta semana que viene subiremos las fechas de Málaga y Murcia en Mayo.
Salud
- Concierto en A Coruña el 30 de Abril aunque existe la posibilidad de que sea el 1 de mayo pero es seguro uno de esos 2 días.
- Concierto en Libertad 8 el 11 de Mayo
Esta semana que viene subiremos las fechas de Málaga y Murcia en Mayo.
Salud
23 feb 2009
Conciertos fuera de Madrid en marzo
Hola, tenemos varios conciertos fuera de Madrid en Marzo, algunos de última hora. Os informo aquí por si os apetece pasaros. Sé que alguno se pondrá feliz. Abrazos
- Concierto en Granada: Sábado 7 de Marzo a las 21:30h en LA TERTULIA. C/ PIntor López Mezquita 3.
- Concierto en Valladolid: Miércoles 11 de Marzo en CAFE ESPAÑA junto a LUIS RAMIRO. Hora por confirmar. Plaza Fuente Dorada 8.
- Concierto en Las Palmas: Viernes 13 de Marzo a las 22:30h en el PUB LA CALLE junto a Luis Quintana. C/ Sargento Llagas.
21 feb 2009
Pequeña hazaña
No saldremos en los libros de historia
ni habrá condecoraciones
ni honores ni titular a toda plana
y nuestros nombres no tendrán una placa
en una de las plazas principales de la ciudad.
Nadie se dará cuenta de lo que hicimos
pero fue así:
aquella noche tu y yo nos dimos todos los besos
que le faltaban a esta ciudad.
ni habrá condecoraciones
ni honores ni titular a toda plana
y nuestros nombres no tendrán una placa
en una de las plazas principales de la ciudad.
Nadie se dará cuenta de lo que hicimos
pero fue así:
aquella noche tu y yo nos dimos todos los besos
que le faltaban a esta ciudad.
18 feb 2009
Caperucita en Palestina
Últimamente he escrito mucho sobre Palestina y quería mostrar una última cosa. Hace 3 años me pidieron que escribiera un poema o un relato para un libro cuyos fondos irían destinados para niños del Sahara. El libro se llamaría "Per-Versiones de Caperucita" y consistía en que cada autor tomara un personaje o un pasaje del cuento de Caperucita y lo reinterpretara o inventara a su gusto a partir de ahí. A mi se me ocurrió escribir este relato que a continuación os dejo. En el explico la triste situación que se vive en Palestina con motivo del muro que Israel ha construido alrededor de muchas de las poblaciones palestinas, dividiéndolas en 2, bloqueándolas y obligando a sus ciudadanos a pasar por check points que abren y cierran a su gusto. Esta es mi pequeña aportación para traer un poco de luz sobre el tema.

CAPERUCITA EN PALESTINA
Ni los gallos muertos en el patio de su casa, ni los relojes de cuco que nunca tuvo despertaron a Caperucita al filo del amanecer. Fue el rugido de los misiles que los aviones escupían como salivazos de muerte sobre su poblado. Ese ruido se confundía con el canto del imán que llamaba a sus fieles a realizar su primer rezo. Vivía en Palestina.
Su abuela hacía tiempo que estaba enferma así que esa era una buena hora para llenar su cesta de amor y llevarle las pocas medicinas caducadas que las alambradas permitían que hubiese en casa de cada Caperucita. Vivía en Palestina.
Se levantó y se lavó frente al espejo. Su cara era tan bonita como el final de los cuentos felices. Al escribir estas líneas me enamoré de sus ojos y de su tristeza. Su mirada atravesaba el espejo y todos los siglos pasados de odio entre los hombres. Se colocó sobre su pelo recogido el velo rojo que su madre le regaló cuando dejó de ser niña y pensó que quizá debería cambiarlo por otro sin agujeros. Justo antes de partir besó las mejillas de su madre que no le dijo nada. No le hizo prometer que tendría cuidado con los extraños al cruzar el bosque. Caperucita no hablaría con extraños porque no existían los extraños. El único peligro era el Lobo y ese era un viejo conocido que casi todos los días visitaba sus vidas. El Lobo acechando en todas partes. Además, allí no había lugar en el que perderse. El bosque era el mismo de siempre aunque últimamente había cambiado debido a los olivos que caían arrancados por las dentelladas del Lobo. Aun sin árboles, más que un bosque, todo era una jungla. Vivía en Palestina.
Partió hacia su destino con la cesta llena de pan duro, espinas y paciencia hasta los bordes. Más que una cesta parecía llevar bajo el brazo el peso de la realidad. Más que ir a casa de su abuela iba a intentarlo. Vivía en Palestina.
El camino era fácil pero cruzarlo era un milagro. Calculo que habría un kilómetro entre la casa familiar y la de los abuelos pero para llegar allí era necesario desandar medio siglo de humillaciones. El Lobo desde hacía un tiempo tapiaba con cemento la esperanza de las caperucitas que llevaban medicinas a sus abuelitas. Tan tonto, desconfiado y avaro era el Lobo que un día puso diez metros de hormigón para que en el bosque de Caperucita no entrara el viento de la libertad. Así Caperucita tenía que caminar con su cesta durante horas a lo largo de aquel muro gris como el pulmón de un fumador. Vivía en Palestina.
Llegó a la única salida de su bosque abrasada por la furia del sol pero aun llena de fuerza. Vio un gran semáforo en rojo vigilado por el Lobo. Era el punto de olfateo. Caperucita golpeó con su corazón en esa puerta y apareció el lobo que se dedicó únicamente a olfatearla. No había nada que le gustara más que olfatear y morder. Todos los leñadores ya conocían al Lobo. Todos lo sabían pero nadie hacía nada por evitarlo. Incluso el más fuerte de todos los leñadores del mundo, el que más podría hacer por Caperucita, el rudo y violento leñador tejano, en lugar de ayudar a Caperucita ponía su hacha en favor del lobo. Qué rabia que en un cuento lleno de leñadores no haya ninguno dispuesto a salvar estas páginas de la injusticia. Y es que el Lobo tiene todos los semáforos en verde y un gran cheque en blanco que le regalaron hace tiempo. Vivía en Palestina.
Tragó saliva la pobre Caperucita mientras el calor hizo que algo goteara en la cesta. En esas horas de espera recordó nuestra amiga cómo durante 6 días el Lobo mordió sin parar la piel de 1967 caperucitas. Siguió pensando. La rabia se le tiró al cuello cuando se acordó que toda esa espera era para llevar medicinas a una casa que se veía a pocos metros tras el punto de olfateo. No podía llevar las medicinas y tampoco había flores en el camino para recoger. Por eso lloró pero ella no mostró su debilidad y metió sus lágrimas en el tarro vacío de la mermelada que llevaba para su abuela. Nada hace más feliz a un lobo que ver llorar a las Caperucitas. Vivía en Palestina.
Esto que os he contado ya no se como acababa. El cuento de Caperucita Roja tiene 2 finales conocidos: el de Charles Perrault, final cruel, en el que la fábula acaba con el lobo tragándose a la inocente niña, y el de los Hermanos Grimm, en el que, felizmente, la abuelita y nuestra querida protagonista son salvadas por la figura paternal de un leñador que había visto cómo se las gastaba el lobo. La historia de Caperucita no sé como finalizará pero Ojalá (INSH´ALLAH) tengan razón los Hermanos Grimm y ningún hombre esconda un lobo dentro, ojalá que las Caperucitas no sean arrojadas contra muros de la vergüenza y que las medicinas lleguen siempre a todas las abuelas. Quizá si encontráramos una goma que borrara las heridas y las humillaciones... Por si no lo he dicho, Caperucita vivía en Palestina.
Madrid, 13 de Junio de 2006
Ni los gallos muertos en el patio de su casa, ni los relojes de cuco que nunca tuvo despertaron a Caperucita al filo del amanecer. Fue el rugido de los misiles que los aviones escupían como salivazos de muerte sobre su poblado. Ese ruido se confundía con el canto del imán que llamaba a sus fieles a realizar su primer rezo. Vivía en Palestina.
Su abuela hacía tiempo que estaba enferma así que esa era una buena hora para llenar su cesta de amor y llevarle las pocas medicinas caducadas que las alambradas permitían que hubiese en casa de cada Caperucita. Vivía en Palestina.
Se levantó y se lavó frente al espejo. Su cara era tan bonita como el final de los cuentos felices. Al escribir estas líneas me enamoré de sus ojos y de su tristeza. Su mirada atravesaba el espejo y todos los siglos pasados de odio entre los hombres. Se colocó sobre su pelo recogido el velo rojo que su madre le regaló cuando dejó de ser niña y pensó que quizá debería cambiarlo por otro sin agujeros. Justo antes de partir besó las mejillas de su madre que no le dijo nada. No le hizo prometer que tendría cuidado con los extraños al cruzar el bosque. Caperucita no hablaría con extraños porque no existían los extraños. El único peligro era el Lobo y ese era un viejo conocido que casi todos los días visitaba sus vidas. El Lobo acechando en todas partes. Además, allí no había lugar en el que perderse. El bosque era el mismo de siempre aunque últimamente había cambiado debido a los olivos que caían arrancados por las dentelladas del Lobo. Aun sin árboles, más que un bosque, todo era una jungla. Vivía en Palestina.
Partió hacia su destino con la cesta llena de pan duro, espinas y paciencia hasta los bordes. Más que una cesta parecía llevar bajo el brazo el peso de la realidad. Más que ir a casa de su abuela iba a intentarlo. Vivía en Palestina.
El camino era fácil pero cruzarlo era un milagro. Calculo que habría un kilómetro entre la casa familiar y la de los abuelos pero para llegar allí era necesario desandar medio siglo de humillaciones. El Lobo desde hacía un tiempo tapiaba con cemento la esperanza de las caperucitas que llevaban medicinas a sus abuelitas. Tan tonto, desconfiado y avaro era el Lobo que un día puso diez metros de hormigón para que en el bosque de Caperucita no entrara el viento de la libertad. Así Caperucita tenía que caminar con su cesta durante horas a lo largo de aquel muro gris como el pulmón de un fumador. Vivía en Palestina.
Llegó a la única salida de su bosque abrasada por la furia del sol pero aun llena de fuerza. Vio un gran semáforo en rojo vigilado por el Lobo. Era el punto de olfateo. Caperucita golpeó con su corazón en esa puerta y apareció el lobo que se dedicó únicamente a olfatearla. No había nada que le gustara más que olfatear y morder. Todos los leñadores ya conocían al Lobo. Todos lo sabían pero nadie hacía nada por evitarlo. Incluso el más fuerte de todos los leñadores del mundo, el que más podría hacer por Caperucita, el rudo y violento leñador tejano, en lugar de ayudar a Caperucita ponía su hacha en favor del lobo. Qué rabia que en un cuento lleno de leñadores no haya ninguno dispuesto a salvar estas páginas de la injusticia. Y es que el Lobo tiene todos los semáforos en verde y un gran cheque en blanco que le regalaron hace tiempo. Vivía en Palestina.
Tragó saliva la pobre Caperucita mientras el calor hizo que algo goteara en la cesta. En esas horas de espera recordó nuestra amiga cómo durante 6 días el Lobo mordió sin parar la piel de 1967 caperucitas. Siguió pensando. La rabia se le tiró al cuello cuando se acordó que toda esa espera era para llevar medicinas a una casa que se veía a pocos metros tras el punto de olfateo. No podía llevar las medicinas y tampoco había flores en el camino para recoger. Por eso lloró pero ella no mostró su debilidad y metió sus lágrimas en el tarro vacío de la mermelada que llevaba para su abuela. Nada hace más feliz a un lobo que ver llorar a las Caperucitas. Vivía en Palestina.
Esto que os he contado ya no se como acababa. El cuento de Caperucita Roja tiene 2 finales conocidos: el de Charles Perrault, final cruel, en el que la fábula acaba con el lobo tragándose a la inocente niña, y el de los Hermanos Grimm, en el que, felizmente, la abuelita y nuestra querida protagonista son salvadas por la figura paternal de un leñador que había visto cómo se las gastaba el lobo. La historia de Caperucita no sé como finalizará pero Ojalá (INSH´ALLAH) tengan razón los Hermanos Grimm y ningún hombre esconda un lobo dentro, ojalá que las Caperucitas no sean arrojadas contra muros de la vergüenza y que las medicinas lleguen siempre a todas las abuelas. Quizá si encontráramos una goma que borrara las heridas y las humillaciones... Por si no lo he dicho, Caperucita vivía en Palestina.
Madrid, 13 de Junio de 2006

9 feb 2009
Respuesta a vuestros queridos comentarios
Me temo que el último poema "Ya me sabía..." ha causado un poco de estupor entre el personal. Nada más lejos de mi intención. Supongo que lo he hecho mal porque en realidad creía transmitir algo optimista ya que nada malo hay en el cambio y en la búsqueda de nuevos horizontes que intentaba transmitir. Por otra parte, era un simple ejercicio de escritura, no algo que me haya pasado nunca. No he tenido nunca la oportunidad de saberme el "botellón y la hipoteca" de nadie.
Aquí va mi humilde y respetuosa respuesta. Discúlpenme, era difícil rimar el último verso:
Algún día los queridos conductores
que aparcan en mi blog para leerme
sabrán que los poemas son actores
maneras de viajar y entretenerse.
No siempre sucedió esto que está escrito
mi vida es mucho más que estos naufragios
me gusta rellenar los papelitos
con guiños, con historias sobre agravios.
Que nadie se me altere ni se estrelle
aunque haya decepciones y portazos
algunas son verdades y otras puede
que vengan como el próximo verano.
Ahora os doy las gracias conductores
espero veros por vuestro planeta
mirad bien todos los retrovisores
no vaya ser que a la hora de leerme
sin pausa ni sin prisa esté pasando
el amor de tu vida por tu puerta.
Besos y abrazos
Aquí va mi humilde y respetuosa respuesta. Discúlpenme, era difícil rimar el último verso:
Algún día los queridos conductores
que aparcan en mi blog para leerme
sabrán que los poemas son actores
maneras de viajar y entretenerse.
No siempre sucedió esto que está escrito
mi vida es mucho más que estos naufragios
me gusta rellenar los papelitos
con guiños, con historias sobre agravios.
Que nadie se me altere ni se estrelle
aunque haya decepciones y portazos
algunas son verdades y otras puede
que vengan como el próximo verano.
Ahora os doy las gracias conductores
espero veros por vuestro planeta
mirad bien todos los retrovisores
no vaya ser que a la hora de leerme
sin pausa ni sin prisa esté pasando
el amor de tu vida por tu puerta.
Besos y abrazos
8 feb 2009
Vídeo del viaje a Palestina en La 2
Hola a todos
El pasado martes en le programa Tras La 2 de la 2 de TVE echaron un reportaje sobre el viaje a Palestina. Lo acabo de ver ahora mismo y ha sido muy emocionante. Teneis que ir al minuto 13 del programa. Espero que os guste. Pinchad este enlace.
http://www.rtve.es/mediateca/videos/20090204/tras-camara-abierta/398788.shtml
Besos y abrazos
El pasado martes en le programa Tras La 2 de la 2 de TVE echaron un reportaje sobre el viaje a Palestina. Lo acabo de ver ahora mismo y ha sido muy emocionante. Teneis que ir al minuto 13 del programa. Espero que os guste. Pinchad este enlace.
http://www.rtve.es/mediateca/videos/20090204/tras-camara-abierta/398788.shtml
Besos y abrazos
Ya me sabía...
Ya me sabía tus viernes
tus dolores lejanos
tus días de regla
tu boca distinta
tus sueños incumplidos
tus taxis a casa
tus septiembre y tu año 2002
tu pelo en malasaña.
Ya me sabía tus besos sin resguardo
y tus madrugadas
tu cuerpo caliente a la izquierda
tus miedos atrasados
y me sabía el cine del barrio
y tus treintayunodediciembre
tu botellón y tu hipoteca
tu increíble corazón para todos
y tus niños africanos
los aeropuertos
y el viento de Cádiz
contigo.
Ya me sabía tus vueltas a casa
tu jefe, tu hermana, tu gato
tus amigas ausentes
y me sabía los días de sofá
tu manta
tus hormonas
tus caricia y tu león
tus castillos en el aire
tus luces y apagones
tus sábanas mágicas
la forma de vengarte
y tu reconciliación.
Por eso me marché.
Me sabía de memoria
todas las asignaturas de tu alma
necesitaba aprender otros pesos
explorar
otro
corazón.
tus dolores lejanos
tus días de regla
tu boca distinta
tus sueños incumplidos
tus taxis a casa
tus septiembre y tu año 2002
tu pelo en malasaña.
Ya me sabía tus besos sin resguardo
y tus madrugadas
tu cuerpo caliente a la izquierda
tus miedos atrasados
y me sabía el cine del barrio
y tus treintayunodediciembre
tu botellón y tu hipoteca
tu increíble corazón para todos
y tus niños africanos
los aeropuertos
y el viento de Cádiz
contigo.
Ya me sabía tus vueltas a casa
tu jefe, tu hermana, tu gato
tus amigas ausentes
y me sabía los días de sofá
tu manta
tus hormonas
tus caricia y tu león
tus castillos en el aire
tus luces y apagones
tus sábanas mágicas
la forma de vengarte
y tu reconciliación.
Por eso me marché.
Me sabía de memoria
todas las asignaturas de tu alma
necesitaba aprender otros pesos
explorar
otro
corazón.
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