22 jun 2008
El regreso
el sabor a metal de la despedida
dejarte en Salamanca
que me dejes en Madrid.
Subir al autobús y de golpe
retomar las responsabilidades
los compromisos por cumplir
volver a tener en cuenta al tiempo
casi naufragando entre el ruido del motor
y los auriculares del hilo musical de ese autobús.
La única luna que se ve
es el cristal escarchado que tengo por compañero,
pues hoy me tocó ventana.
De nuevo buscar la alegría
en nuestra complicidad
a pesar de la distancia
mientras recuerdo los besos en el frío
el bolsillo que comparten nuestras manos
todo lo que una sola noche puede dar de si.
Otra vez en Madrid
o en Salamanca
sin entender bien
cómo es posible
ser tan felizechando tanto de menos.
21 jun 2008
Entre nosotros
treinta y cinco minutos
diez calles.
Te llamo
y marco en el teléfono
el número de besos que caben en tu cuerpo.
18 jun 2008
Poema en espiral
y como yo soy débil
y tu demasiado guapa, de nuevo caeré
y mis renovados propósitos de enmienda
bucearán una vez más en el cubo de la basura.
Pero a la mañana siguiente
dejaremos de besarnos y pronunciaremos
como una maquina de troquelado
el ritual que siempre nos decimos,
el maldito manual de instrucciones
que nos dicta la conciencia:
vestirse de buenas intenciones,
hablar de no engañar a tu chico o a mi chica
cuando quizá
en realidad
los engañados somos nosotros mismos.
Volveré a tirarle los tejos a la hermana de la primavera
y a masturbarme pensando en lo que
me hiciste anoche.
Nos portaremos bien,
seremos grandes personas
pero siempre sabremos que hay besos que no nos dará la fidelidad.
Todo será recuerdo, repetir las mismas preguntas
que sólo sabrá responder un silencio mineral,
un silencio que fermenta en la habitación.
Me recogeré las entrañas cada vez que se me escapen
por el hueco que dejaste en mi costado
pero cualquier día volveremos a vernos.
Tu te acercarás y se borrarán al resto de mujeres del bar.
Yo estaré recogiendo mis babas del suelo
y te diré algo que te mate de risa.
Entonces volverás a llamarme
y como yo soy débil
y tu demasiado guapa...
4 jun 2008
Muerte sin banderas
MUERTE SIN BANDERAS (Benjamín Prado)
Los muertos no tienen país, ni bandera, ni pasaporte; nada de eso les hace falta porque nada de eso importa. Ahora lo sabe todo el mundo, pero quizá mañana algunos lo olviden. Ahora es muy fácil darse cuenta, ver iguales a todas las víctimas del Once de Marzo, ser incapaces de encontrar cualquier diferencia entre los que lloran. ¿O no? ¿Cómo llora un rumano malherido, en comparación con un chileno? ¿Los marroquíes lloran a sus hijas asesinadas de forma distinta a los españoles o a los filipinos o a los ecuatorianos? ¿Su sangre es distinta? ¿Su dolor es de otra clase? Hasta el Once de Marzo, mucha gente creía que sí.
En los trenes de la muerte había ciudadanos de la República Dominicana, Filipinas, Polonia, Ucrania, Chile, Marruecos, Perú, Rumania, Ecuador, Bulgaria, Cuba, España... En esos trenes había, sin duda, una explicación de lo que es una ciudad como Madrid. Y también había una respuesta. Mientras los trenes se movían, hubo quien creyó que las personas que viajaban en ellos no eran todas iguales.
En cuanto los trenes se detuvieron para siempre, a muchos se les rompió entre las manos la palabra patria, a otros les pareció indigna la palabra frontera, y hubo quien se avergonzó de las palabras legal e ilegal. También hubo quien se dio cuenta de que cuanto más grandes se hacen las banderas, más pequeños se vuelven los países.
El Once de Marzo, miles de ciudadanos corrieron a los hospitales, benditos sean un millón de veces, para donar su sangre. Y ésa era otra respuesta contra los canallas, los mentirosos y los oportunistas: ésto es Madrid, e
sa ciudad tan acosada y tan sospechosa para muchos, y ésto somos nosotros. ¿Habrá gente tan miserable que se atreva a olvidarlo? Los que daban su sangre no preguntaban la nacionalidad de las víctimas, ni su religión. Durante algunas horas, no existieron las naciones, ni los himnos, ni las aduanas. Ahora, la sangre de una mujer de Barcelona correrá por las venas de un hombre de Rabat y la de un muchacho de Madrid pasará por el corazón de una chica de Bucarest. Todo lo demás es mentira.
Mientras los trenes se movían, hubo personas que sentían desconfianza y hasta temor al mirar al viajero de al lado, aunque en realidad no sabían mucho de él, sólo que, al menos por su parte de afuera, parecía tan diferente. Aunque luego, al ver sus historias en los periódicos, esas historias hechas con verbos en pasado que contaban la vida de los muertos, la cosa cambiaba. La verdad es que por dentro ya no parecían tan distintos o tan peligrosos. Uno era mecánico, otro químico, otro albañil, otro ingeniero, otro estudiante. Uno se llamaba Enrique, era de la República Dominicana, le gustaba bailar la bachata y el merengue, su canción favorita era Presumida, de Eddy Herrera. Otra se llamaba Mariana, venía de Transilvania y le gustaba el mar, le gustaba ir a Puerto Banús. Otro se llamaba Neil y era seguidor del Real Madrid. Otra se llamaba Paula Mihaela y le gustaban las plantas, tenía su piso lleno de flores. Todos ellos podrían habar sido cualquiera de nosotros.
La muerte nunca es justa, y menos aún esta clase de muerte, pero sí que es didáctica: nos recuerda nuestro verdadero tamaño y, de ese modo, nos iguala. ¿Habrán aprendido algo de este desastre los intolerantes y los racistas? ¿Habrán aprendido algo de la generosidad y el heroísmo de tantos? A una mujer rumana, llamada Livia, la enterraron con su vestido de novia.
A un español llamado Jorge, tan seguidor del Real Madrid como el ecuatoriano Neil Torres, lo enterraron con la camiseta de Zinedine Zidane, su jugador favorito.
El Once de Marzo acabaron en Madrid doscientas historias. Algunas habían comenzado en una ciudad de la República Dominicana, otras en una ciudad de Filipinas, Polonia, Chile o Marruecos; de Perú, Rumania o Ecuador; de Bulgaria o de Cuba.
Todas acabaron aquí y todos los que murieron en nuestra ciudad y entre nosotros son nuestros muertos. Ojalá que a partir de ahora todos los vivos de buena voluntad puedan ser también nuestros vivos. Madrid nos ha enseñado que dentro de la palabra nosotros cabe la palabra todos.
3 jun 2008
Contradicciones
Nueva York (sobre todo la zona de Manhattan) es posiblemente la ciudad más impresionante del planeta. Combina zonas de rascacielos descomunales con hectáreas de zonas verdes situadas a 50 metros de estas moles, calles arrasadas de coches que según tuercen la esquina se meten en barrios formados por casitas bajas (tipo sexo en nueva york) donde reina la calma. Se trata del perfecto caso de ciudad con contradicciones.
Para empezar los rascacielos (que a priori pueden parecer moles opacas) son, la mayoría de ellos, maravillas arquitectónicas que hacen que uno se parta el cuello mirando hacía arriba desde que llega a Manhattan. Pero uno se queda raro pensando que dentro de esas obras de arte se concentra la mayor cantidad de empresas poderosas del mundo cuyo único objetivo es hacer temblar el mercado. Lo gris está por dentro, no por fuera, como podría parecer a priori. Un claro ejemplo es Wall street, donde se encuentra la bolsa de Nueva York, ese lugar en que si hay un estornudo el resto del planeta se resfría. Aparte de ser el lugar donde se debate el precio del mundo Wall street es una calle preciosa donde paseas entre deliciosos rascacielos y ejecutivos que comen rápidamente una pizza en unas escaleras con su maletín y su portátil.
Algo parecido sucede con Times Square, uno de los lugares más impresionantes que he visto nunca. Podría considerarse la Puerta del Sol de Nueva York. Se trata de una plaza donde te quedas mudo viendo las enormes pantallas digitales de hasta 30 metros, que inundan de luz y colores una manzana entera. Pero también te sientes raro al ver que todas esas pantallas sólo ofrecen anuncios de empresas multinacionales por todos conocidas. De nuevo la belleza mezclada con el mercado. De todos modos disfruté de las vistas porque era un sitio acojonante.
También me encantó de Nueva York la grandísima vida cultural de la ciudad. Se respira arte en cada calle (cientos de esculturas, homenajes a artistas, conciertos,...). Es impresionante ver la cantidad de cosas que te puedes encontrar en el hall de cualquier edificio, en una calle perdida, en un pequeño parque...todo ello mezclado con la siempre presente bandera americana en cualquier calle, portal, casita,.... Esta mezcla de arte y patriotismo también se respira en todo Nueva York y la verdad que te deja raro de nuevo ver cómo las mismas personas pueden combinar una increíble sensibilidad artística con una vena patriótico-imperialista tan bestia.
También hubo ocasión de visitar el edificio de la Organización
de Naciones Unidas en la 1ª avenida de Manhattan. Y otra contradicción más que me salta a la cara. La ONU es una asociación de gobiernos del mundo que facilita la cooperación en asuntos como el Derecho internacional, la paz y seguridad internacional, el desarrollo económico y social, los asuntos humanitarios y los derechos humanos. Desde su sede en Nueva York, los Estados miembros de las Naciones Unidas y otrosorganismos vinculados proporcionan consejo y deciden acerca de temas significativos y administrativos en reuniones periódicas celebradas durante el año. La Carta de las Naciones Unidas asigna la responsabilidad primordial de la tarea de mantener la paz y la seguridad internacionales al Consejo de Seguridad, que puede reunirse en cualquier momento siempre que la paz se vea amenazada. Con arreglo a lo dispuesto en la Carta, todos los Estados Miembros están obligados a acatar las decisiones del Consejo. El Consejo está integrado por 15 miembros. Cinco de éstos son miembros permanentes y otros 10 que son elegidos por la Asamblea General por períodos de dos años. Llama la atención que los únicos países miembros que tiene derecho a veto en ese consejo sean las cinco miembros permanentes pero llama aun más la atención que esos 5 países que son China, los Estados Unidos, Rusia, Francia y el Reino Unido, que forman el consejo permanente sean los 5 países que más armas fabrican en el mundo. Allí encontré esta imagen deliciosa de la pistola. ¿Alguna contradicción más?
De todos modos desde el momento en que llegas a Nueva York tienes la sensaciónde estar en un cuento. Es un lugar increible e imprescindible. La ciudad perfecta, invivible e insustituible.
Besos y abrazos